KOMODO     NUSA TENGGARA

El Parque Nacional de Komodo y Rinca fue inaugurado en 1980 y se convirtió en Patrimonio Mundial de la UNESCO a finales de esta década, con la intención de proteger toda su biodiversidad, tanto terrestre como marina. Pertenece al archipiélago indonesio de Nusa Tenggara, siendo una de las zonas más secas del mismo, amén de tratarse de un terreno difícil y montañoso, lo cual ha impedido que se formen asentamientos humanos, excepto en las islas de Komodo y Rinca.

El Parque Nacional de Komodo está situado en Wallacea, área de intersección entre las zonas biogeográficas asiática y australiana, descrita por el naturalista inglés Alfred Russel Wallace a finales del siglo XIX; éste descubrió que entre islas tan cercanas como Bali y Lombok existian especies animales cuyas evoluciones no habían transcurrido de modo conjunto, concluyendo que existía una línea imaginaria que separaba las islas de Indonesia de Oeste a Este, en base a que unas islas pertenecieron al continente asiático hasta su separación y el resto al continente pacífico-australiano. Esto justificaba que cada zona conservara especies y características diferenciadas.

El puerto de partida más importante para realizar excursiones al Parque Nacional de Komodo, es el puerto de Labuanbajo en la isla de Flores. Rinca es la isla más cercana al mismo, siendo posible hacer visitas de un día a la isla para ver de cerca al legendario Dragón de Komodo, así como disfrutar de las prístinas playas de sus islas vecinas, donde es posible admirar una gran variedad de peces y corales, en ocasiones tan sólo a unos metros de la orilla.

El Varanus Komodoensis, más conocido como Dragón de Komodo es el lagarto más grande del mundo. Habita en estado salvaje en las islas de Komodo y Rinca, amén de algún ejemplar aislado en la isla de Flores. Su número asciende a unos 4000 ejemplares y actualmente se trata de una especie protegida. La mayoría de los ejemplares adultos no sobrepasan los 2 metros de longitud y los 60 Kg de peso aunque se habla de algún ejemplar que llegó a alcanzar los 3 metros de longitud con 150 Kg de peso; el tamaño de las hembras es considerablemente menor, en torno a los dos tercios del tamaño de un macho adulto y hasta la fecha es un misterio el hecho de que la población de machos supere a la de las hembras, en una proporción de 3 a 1.

El Dragón de Komodo recibe el nombre de Ora  en lengua local. Es carnívoro y cuenta con un sentido del olfato muy desarrollado. Puede dilatar su boca de un modo considerable hasta el punto de poder deglutir presas del tamaño de un ciervo o una cabra; para capturarlas, suele permanecer al acecho y las ataca por sorpresa. No se trata de un animal venenoso, pero sus armas, aparte de unas poderosas garras, afilados dientes y gruesa cola, son los 82 tipos diferentes de bacterias presentes en su saliva y que trasmite al morder a su presa, las cuales actúan rápidamente infectándola hasta debilitarla, lo cual le permitirá al dragón deglutirla en muchos casos aún con vida; después, un potente sistema digestivo triturará incluso los huesos. Si la disponibilidad de comida es alta, el Dragón de Komodo prefiere alimentarse de carroña para no malgastar así sus energías, motivo por el cual, es frecuente que ataque a otros dragones demasiado jóvenes, viejos o enfermos como para defenderse. Pese a que supone una amenaza real para el humano, no son frecuentes los ataques a personas, aunque para muchos turistas siguen siendo una atracción las historias que algunos locales cuentan, muchas veces en primera persona, sobre ataques y desapariciones.

La reproducción normal de un dragón de Komodo en estado salvaje se produce entre los meses de Julio y Agosto. La hembra de Dragón pone de 15 a 30 huevos a la vez y los entierra en túneles para protegerlos de sus semejantes, siendo el período total de incubación de 8 a 9 meses. En Diciembre de 2006, los científicos británicos descubrieron que las hembras son capaces de reproducirse sin ser fecundadas por un macho, por partenogénesis, hecho sin precedentes en los dragones y que estudiaron en dos hembras que habitaban en sendos zoos de Inglaterra. Los pequeños Ora pasan los primeros años de su vida en los árboles y no bajan al suelo hasta que no miden al menos un metro, ya que corren el riesgo de ser devorados por otros dragones; los adultos se refugian en agujeros excavados en el terreno o en el agua.

 

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